Una descontrolada taberna andaluza en la que todo se lo toman a broma, el nuevo reto de Alberto Chicote, en ‘Pesadilla en la cocina’

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laSexta estrena mañana una nueva entrega de ‘Pesadilla en la cocina’ tras conseguir en su última emisión un 7,1% de cuota y más de 1 millón de espectadores. Esta semana Alberto Chicote viaja al Mediterráneo para acudir a la llamada de Mara, dueña de ‘La Taberna Lolailo’ un restaurante tan peculiar como ella que hace aguas por todos lados con motivo de las risas, el descontrol y el jolgorio que reina a todas horas en el negocio.

La falta de seriedad del equipo, la escasa profesionalidad y una comida de una ínfima calidad hacen del ‘Lolailo’ un despropósito adornado con diversión y ganas de pasárselo bien. Sin embargo, tras tanta risa y descontrol, la realidad no es tan divertida. La taberna cae en picado y nadie tiene muy claro el por qué. Alberto Chicote tendrá que armarse de paciencia si quiere hacerle entender al equipo que sólo el más absoluto tesón y seriedad lograrán salvar un negocio que va camino de la ruina.

Una cocina sin fogones en un ambiente demasiado festivo y poco profesional

La ‘Taberna Lolailo’ abrió sus puertas hace más de 8 años porque a la hija de Mara le gustan muchos los lunares, razón por la cual Mara, que adora el horóscopo y su actitud hacia los demás se guía por el signo de cada persona, se decidió por una taberna andaluza. Sin ninguna noción de hostelería, en un principio el equipo lo formaban madre e hija. Hoy, tras haber cambiado de localización hasta en cuatro ocasiones, el ‘Lolailo’ se encuentra en un local más grande al que se han incorporado varios miembros de la familia. Entre el personal, domina un ambiente tan festivo y poco profesional que les lleva a la desorganización total y cuando el local se llena, reina el caos.

Además, la comida está muy lejos de ser de calidad. El género que utilizan es congelado casi en su totalidad. El resto, de bote. Alberto Chicote no tarda en descubrir el porqué de una calidad tan baja: la cocina es tan precaria que no tienen ni fogones, sólo un microondas y una freidora con la que elaboran una cocina demasiado aceitosa. Y aunque trabajar con la familia muchas veces es un placer, en el ‘Lolailo’ a veces la confianza hace saltar las chispas en los momentos de mayor tensión, lo que provoca situaciones verdaderamente difíciles de gestionar.

Con una dueña que está más en las estrellas que en la realidad, el ‘Lolailo’ a veces parece más una taberna de barrio de cachondeo que un negocio. No hay más que ver el nombre de su chupito estrella, “la mamadita”, que consiste en vodka, nata y sirope.

Durante el servicio, Alberto Chicote será testigo del desorden y la mala organización que reina en la cocina, lo que provoca que las comandas salgan con mucho retraso. Ante tantos disparates y tanto sinsentido Alberto Chicote se pondrá más serio que nunca para que las bromas dejen paso a la profesionalidad, única salida de la taberna sino quiere ver el cartel de cerrado más pronto que tarde. Tras la ayuda y los consejos del chef, llega el servicio de reapertura, en el que Alberto Chicote invita a una persona muy importante para la dueña: el vidente y tarotista Rappel, que echará las cartas a Mara y actuará de exigente comensal.

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