Samanta Villar descubre en ‘La vida con Samanta’ los deseos de diversas personas y los suyos propios: nada menos que volar y arder

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Los deseos mueven el mundo y hacen que la gente se mueva por el mundo. En el último año, más de tres millones de personas han salido de Venezuela buscando una vida mejor. Samanta conocerá a Andrea, una madre de 29 años que se vio obligada a dejar aquel país para que sus hijas tuvieran mayor calidad de vida y, sobre todo, más seguridad. Se ha establecido con su marido y sus hijos en Madrid y está a punto de cumplir su deseo más grande: volver a abrazar a su madre.

Desear a contracorriente

A sus ocho años, Diego tiene muy claro que quiere ser bailarín, un deseo que a menudo le supone ir en contra de lo habitualmente establecido. Como su película favorita es ‘Billy Elliot’, Samanta le invitará a bailar en el escenario junto a los protagonistas de este musical.

Objeto de deseo

Erika es una mujer que no se siente atraída por las personas, sino por los objetos. Se casó con la Torre Eiffel, se enamoró de un arco, de una grúa y ahora mantiene una relación con un monopatín. En Berlín, donde vive, consiguió un trabajo para poder trabajar con la grúa de la que se había enamorado, pero la obra acabó y no volvió a verla. Samanta convertirá su deseo en realidad y la llevará a ver la réplica exacta que han levantado para realizar trabajos en la Sagrada Familia de Barcelona.

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