‘Que nadie se mueva’, el próximo 3 de enero llega a Teatros Luchana una nueva comedia delirante con Jon Plazaola, Agustín Fernández, Elena Lombao y Sara Gómez

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El próximo viernes 3 de enero llega a los Teatros Luchana de Madrid una nueva y disparatada comedia, “Que nadie se mueva”, protagonizada por Jon Plazaola, Agustín Jiménez, Elena Lombao y Sara Gómez.

La comedia, producida por PROMOTORA 600 N´S en colaboración con MANDANGA PRODUCCIONES, se representará todos los viernes, sábados y domingos en dicho teatro a las 20:15 horas hasta el 29 de marzo.

Aunque es una pieza escrita hace tiempo por Plazaola, “Que nadie se mueva” se mantiene en la más absoluta actualidad, ya que incorpora anécdotas del momento político y social que se suceden los días anteriores a cada representación.

Un humor afilado, diálogos ingeniosos, ritmo vertiginoso e innumerables gags que harán que el espectador no pare de reírse a lo largo de toda la representación. La comedia también está llena de mensaje y el público se llevará a casa una bonita reflexión.

SINOPSIS

Una llamada anónima ha informado de la presencia de un cadáver en el teatro. De acuerdo con las leyes de la lógica acude al recinto la Policía Nacional. Todo correcto. Pero es que también llegan los Mossos D´Escuadra. Bueno, y la Ertzaintza. Y hasta la mismísima Benemérita.

Cuatro representantes de las diferentes Fuerzas de Seguridad del Estado y un cadáver. ¿Qué puede salir mal? Muchos gallos para este corral llamado España. Los protagonistas, muy a su pesar, no tendrán otra opción que colaborar para averiguar quién es el muerto y a quién le corresponde.

Una investigación delirante, una convivencia surrealista donde los gags se suceden provocando las carcajadas del público que también será parte activa de esta fábula, de esta sátira de la España que nos está tocando vivir o sufrir. La de las banderitas, las independencias, las exhumaciones, las elecciones, la que quiere ir a misa… Una divertidísima mirada hacia adentro que nos hace preguntar si de verdad no estamos perdiendo el tiempo preocupándonos de todo eso mientras desatendemos lo que de verdad nos afecta. Y es que, al final, ¿qué hay de lo nuestro?

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