‘Pesadilla en la cocina’ viaja este jueves a Cádiz para intentar salvar el primer buffet libre del programa

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laSexta estrena este jueves una nueva entrega de ‘Pesadilla en la cocina’ tras conseguir en su última emisión 7,5% de cuota y 1.188.000 espectadores. Coma todo lo que usted quiera. Este es el lema de todo buffet libre, del que el restaurante “El Cantábrico” forma parte. Pero en “El Cantábrico” no siempre es fácil comer todo lo que se quiere: la comida no es precisamente apetecible, el local tiene un aspecto antiguo, poco atractivo y el ambiente está muy lejos de ser acogedor.

Esta semana, ‘Pesadilla en la cocina’ encara un nuevo reto y viaja hasta Cádiz para intentar ayudar a “El Cantábrico”, un buffet libre en manos de dos hermanos, Francisco y Mari Luz, con una larga tradición hostelera a sus espaldas pero con una también larga lista de problemas.

El restaurante puede presumir de haber sido el primer buffet libre que abrió en la capital gaditana, hace más de 70 años. Al principio fue todo un boom y durante años el negocio ha funcionado perfectamente. Sin embargo, en los últimos tiempos la clientela ha caído de forma alarmante. El futuro del restaurante pende de un hijo y el legado de varias generaciones corre peligro. La llegada de Alberto Chicote es el último cartucho que le queda a sus dos dueños para salvar este buffet en el que sus vidas profesionales están en juego.

Un cocinero abandona en pleno servicio

Por primera vez en ‘Pesadilla en la cocina’, Alberto Chicote invita a un amigo valorar con él la calidad de los platos del restaurante. El cantante, humorista y actor Pablo Carbonell, hombre de enorme talento y amante de su tierra, ejercerá de comensal cargado de honestidad pero también de exigencia. Y, como a Chicote, no le gustará nada la deriva de la situación, en la que la comida no alcanza el nivel de calidad esperado pero tampoco el resto de lo que rodea a un restaurante como “El Cantábrico”.

La decepción se apodera de Alberto Chicote y de Pablo Carbonel. La comida está completamente grasienta, no hay apenas ningún plato apetecible, la cocina está antigua y muy sucia, los productos están sin etiquetar y buena parte de los alimentos son de bote o congelados.

A estos difíciles ingredientes se añaden nuevos obstáculos nada fáciles de abordar: los cocineros no ponen interés alguno, preparan la comida sin aceptar las órdenes del dueño, Fran, y el exceso de aceite se convierte en el protagonista. De hecho, el cocinero no prueba nunca la comida porque no le gusta. Sólo le parece buena la que cocinan su madre y su mujer. Tampoco aceptan las críticas, hasta el punto de que uno de los empleados de cocina abandona un servicio al no asumir los comentarios de Alberto Chicote sobre la calidad, evidentemente pésima, de la comida. Además, las discusiones son constantes y Fran empieza a estar cada vez más desanimado. Alberto Chicote tendrá que sacar ideas de donde no las hay para intentar salvar un restaurante anclado en antiguos vicios y con un nivel de interés de dejarse ayudar algo escaso.

Esta semana, Alberto Chicote descubrirá una de las cocinas más sucias de la historia del programa. Ese es el panorama que se encuentra el cocinero al llegar a su próximo destino, El Rincón de Montse, un restaurante ubicado en el pueblo de Daganzo de Arriba, a las afueras de Madrid. Hoy el negocio es un caos. Y también un despropósito en cuanto a higiene y buen hacer. La freidora tiene el mismo aceite desde hace meses, los manteles recién puestos vienen con enormes manchas de serie, la comida está grasienta y los cubiertos con los que se cocina, manchados de alimentos resecos. El almacén, tres cuartos de lo mismo: un disparate de comida sin tapar, alimentos podridos y paredes mugrientas.

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